90

Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift:

La novela satírica de Jonathan Swift, que no es un libro para niños, sino, más bien, una obra maestra sobre la tontería humana, se me ha ido volviendo el texto que me viene a la cabeza todo el tiempo. Tengo una edición muy buena, nueva, que me regaló Carolina. Ahí es que lo he estado releyendo. Ángel Marcel nos leyó, en septiembre de 1993, un capítulo de la novela de Swift. No podía creer, me acuerdo, que pudiera existir un escritor como éste, un tipo tan inteligente, tan en broma: hasta ese momento, mi mamá me había convencido de que sólo Óscar Wilde tenía una ironía como ésa. Y yo, claro, se lo reclamé. Ella me dijo que ya estaba muy grande para reclamarle. En cualquier caso, leí la novela durante las siguientes semanas. Y desde entonces me parece que a la hora de la verdad es mejor decirlo todo en chiste.

89

Atari, Sega, PlayStation, XBOX, Wii:

Los aparatos para juegos de video en la tradición de Atari -consolas, les dicen- siempre han aparecido en alguna parte de mi casa. Comenzó la cadena con Atari, con Pitfall, Pacman, Space Invaders, Frogger y Pelé Soccer, que ahora se han vuelto a conseguir por ahí. Siguió con juegos de computador -los mejores, lo reconozco, me los grabó Andrés Uribe: Karateca y Alleycat y Cazafantasmas- y se convirtió en Sega y en PlayStation, y después en XBOX y en Wii, en donde los juegos mejoran todos los días y ya no hay que usar joysticks ni teclas, sino simplemente moverse por ahí. Durante mucho tiempo, para que no interfiriera con mi trabajo, tuve que dejar el aparato en la casa de mis papás. Ahora quisiera que interfiriera.

88

Clint Eastwood:

Es el director de Imperdonables, Bird y El fugitivo Josey Wales. Y de Gran Torino, Río místico y Medianoche en el jardín del bien y el mal. Ha encarnado policías y ladrones, viejos amargos y jóvenes amargos, pero sabiduría y la ironía del personaje de Eastwood -del único personaje que interpreta, como sólo interpretaron uno los inolvidables John Wayne, James Stewart y Cary Grant- son envidiables. Duelen sus arrepentimientos. Duele su vejez llena de fantasmas y su incapacidad de digerir el pasado: su intolerancia al pasado. Admirar a tantos actores es señal de querer ser otro. Es cierto. Pero en este caso, estamos, también, ante un director con una sensibilidad y una decepción muy interesantes. De un narrador que ha iluminado partes sombrías del mundo.

87

Ed Wood:

Tim Burton, autor de la versión digna y paródica de Batman y de esa fábula triste y genial que se llama en español El joven manos de tijera, filmó esta biografía que en realidad es un homenaje a los perdedores que recuerda, por momentos, al Quijote. Sus guionistas retrataron también a Andy Kaufman y a Larry Flint, ni más ni menos. O sea que siempre han buscado personajes que crucen la línea. Yo vi Ed Wood en un Festival de Cine de Bogotá, y me conmovió de inmediato. La verdad es que el cine de Ed Wood no me atrae especialmente, no: me divierten las anécdotas de su vida, pero no me apasionan sus obras tanto como su forma de ser, su convicción, su insportable ausencia de talento. Bela Lugosi es un personaje que recuerdo todo el tiempo. Martin Landau es, claro, un gran actor.

86

Jack Nicholson:

Sus cejas cargan con Chinatown, Batman, Mejor imposible. Quizás sea, con De Niro, con Hoffman, el actor que ha aparecido en más películas buenas en la historia del cine: El Resplandor, Five Easy Pieces, Los infiltrados, Atrapado sin salida. Creo que no debe haber un actor tan inteligente como ese, tan rápido, tan poseído por los momentos que viven sus personajes. Sus gestos enloquecidos son una tradición, su risa demoníaca. Pero no hay que olvidar sus pequeños gestos, la cara de frustración en Ironweed, la desolación de Lobo, la incomodidad en la escena final de La fuerza del cariño. Esa fragilidad, que se esconde tras sus muecas, es su fortaleza.

84

Mario Moreno Cantinflas:

Este es mi álbum de fotos: Cantinflas bailando el bolero de Ravel en El bolero de Raquel, Cantinflas pegándole al hostigante Chabelo en la tristísima El extra, Cantinflas rescatando de un bar mariguanero al hijo de un juez en Conserje en condominio, Cantinflas cantando "La barca de oro" con su maestro en la bellísima El quijote sin mancha, Cantinflas yendo al colegio con los demás niños en la brillante El analfabeto, Cantinflas conduciendo el ascensor en la estupenda Sube y baja, Cantinflas zapateando la musiquita de la hollywoodense La vuelta al mundo en ochenta días, Cantinflas sacándole a un niño de la oreja no sé qué legumbre en El doctorcito, Cantinflas salvando a un niño en El padrecito. Juro otra cosa: que no he consultado Internet ni una sola vez para hacer este artículo. Que todas esas escenas están en mi memoria.

83

Antón Chejov:

Esto es lo que pienso cuando pienso en este nombre: en hospitales llenos de heridos de guerra, y de hombres y de mujeres deformes, y de dramas que ponen en su lugar todas las trampas mentales a las que recurrimos para eludir la verdad; en la dama del perrito que hace con todo a su paso sea mínimo y diciente y que todo vuelva a tener sentido para luego volverlo a perder para siempre; en las historias de hermanos y de hermanas, que se someten y se emulan los unos a los otros, y se hacen la guerra y la paz, que aparecen sobre el escenario como si la vida estuviera pasando allá arriba y no -como pasa- acá abajo.

82

James Taylor:

El autor de Fire and Rain ha sido, desde los años 70, uno de los escritores de canciones más importantes de los Estados Unidos. Sus últimos discos con composiciones propias confirmaronla calidad de toda su obra, me parece, no debería perderse nada ni lo último ni lo primero que cantó. Siempre que suena alguna canción suya en el IPod de nuestra casa -digo: la casa de Carolina y Pascual, que es mi casa- la gente tiende a preguntarme quién es, quién tiene esa voz tan redonda, tan clara. 

81

Sam Cooke:

Es el cantante que le dio permiso a los demás para cantar sin posar. O, al menos, para posar de que nunca se posa, para pasar de uno mismo con cierto descaro. Sus mejores canciones -por ejemplo, Wonderful World, Another Saturday Night, Twistin' The Night Away- han sido grabadas por Paul Simon, James Taylor, Rod Stewart, pero sus versiones tienden a ser las mejores. Yo nunca he oído algo tan divertido y tan ingenioso. Cuando descubro a un cantante con sentido del humor -es más difícil de lo que se cree- me vuelvo, inmediatamente, su seguidor incondicional, su fanático. Sam Cooke canta en paz, sin alarmar ni sorprender. Es, en su campo, el equivalente a los artistas que me gustan: se hacen pasar por personas comunes y corrientes, y disminuyen, constantemente, el valor, la gravedad de su obra.