20

El niño:

Una película dirigida por Charles Chaplin, en 1921, en la que el vagabundo de siempre se encuentra con un bebé abandonado en la calle y se convierte en su papá adoptivo. Todas las películas de Cantinflas parten de esta historia. Bueno, no todas, pero algunas. El niño, que merecería mucha más atención, porque es una de los grandes dramas que pensó Chaplin, es una obra maestra (que es una manera de decir, con cierta arrogancia, que algo es único). La imagen de Jackie Coogan reclamándoles al médico y al policía que dejen en paz a su papá debería ser central para cualquier vida, al menos para cualquier tarde. Para la mía lo es. Me demoré en entender por qué, pero ya sé.

19.5

Paul Auster:

Escribió La trilogía de Nueva York, El palacio de la luna, Leviatán, La invención de la soledad y La música del azar. Más que suficiente. Hice la tesis sobre él. Leí todo lo que publicó hasta Viajes por el Scriptorium. Tengo pendiente lo que sigue. Cada vez me siento menos cercano a su forma de ver el mundo pero cada vez lo admiro un poco más. Es, con Michael Cunningham y Phillip Roth, uno de los maestros que he leído en estos años. Me pasa con él lo que me pasa con todos mis ídolos: rezo para que sigan tan buenos y, aun cuando no me parezcan estupendas sus últimas obras, las defiendo porque son relatos de ellos.

19

El cumpleaños de la infanta:

Yo lo encontré dentro del libro El príncipe feliz y otros cuentos de hadas. Un enano se enamora de la Infanta de España y llega a convencerse, por un momento, de que ella le corresponde. Debo decir que inspirado en este cuento, obsesionado por este cuento, aunque suene todo tan lejano y tenga sobre mi hombro la mirada cínica de tantos, escribí una historia que se llama Semejante a la vida. Era un homenaje a Oscar Wilde y a mi mamá, que es fanática de El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa y El gigante egoísta. El cumpleaños de la infanta es un cuento maravilloso, sí, aunque el adjetivo suene mal. Es duro, cruel, conmovedor. Tiene humor y tristeza y patetismo. Si hoy me siento cercano a algún escritor es, creo, a éste. Sentirse cercano es una forma de decir, claro, que lo admiro y sé que jamás llegaré a escribir como él. Ni como él, ni como Charles Dickens, que es uno de mis ídolos, pero, porque algo así tenía que pasar, apareció en eñ çultimo minuto en esta lista.

18

Raymond Carver:

Murió cuando sus cuentos y sus poemas se hacían célebres en todo el mundo. Y es el mejor cuentista que he leído en la vida. Creo. En realidad, lo digo para que se sienta lo mucho que aprecio sus libros. Llegué a él solo, sin consejos ni influencias, en una librería, al lado de los demás libros, y desde ahí me di cuenta de su genio. En sus cuentos no pasa nada, aparentemente nada. Nunca. Pero en el fondo ocurre el sin sentido de estar vivo. Sus ensayos sobre la amistad y sobre la escritura son, también, ejemplares. Un tipo que llega a la sencillez a fuerza de trabajar y trabajar. Lo que más me queda de su trabajo es, aparte de Parece una tontería, uno de sus mejores cuentos, una frase de alguno de sus ensayos: "la escritura está en la corrección".

16

Ernesto Sabato:

Decirlo no es popular entre los impopulares, pero, después de publicar obras de la altura de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abadón el exterminador, sigue siendo un modelo para los escritores del mundo. He leído tres veces sus tres novelas. Es, con Salinger, un buen modelo. Me acuerdo muy bien de las emociones que he experimentado con sus libros, y, porque no me atrevería a conocerlo, me basta con saber que le respondió a Daniel una carta y que mi hermano pudo visitarlo en su propia casa, en 2001, toda una mañana. Es suficiente.

15

Steven Spielberg:

Me da pena, pero es el director, escritor, productor de algunas de las mejores películas de los últimos 25 años: E.T., Indiana Jones, Oskar Schindler, Celie, David, Frank Abangale, Lincoln, son algunos de sus mejores personajes. Yo sufrí E.T. porque tenía la edad de Eliot cuando la vi y mi hermano mayor, Eduardo, tenía la edad de Michael, el hermano mayor de la película. Hace un mes la volví a ver y descubrí que sigo sintiendo lo mismo. Que el personaje central se sentía fuera del mundo y su sueño, ser rescatado de sí mismo, se hacía realidad, y que al final se convertía en el dueño de la historia después de ser relegado en todas partes. Pero pronto quedé fascinado con Indiana Jones, y después con El Color Púrpura y más tarde con La lista de Schindler y al final con Inteligencia Artifical. Y más t más: Munich, Lincoln, Sentencia previa, Atrápame si puedes. Creo que soy el público perfecto para Spielberg: voy detrás de él. Quiero decir que él hace sus obras maestras y yo me conmuevo. Y pienso que son obras maestras. 

14

La guerra de las galaxias:

Las dos trilogías escritas, dirigidas, producidas por George Lucas, desde 1975 hasta 2005, cuentan la tragedia de Anakin Skywalker. Que se convierte en hombre más temido de una galaxia muy lejana para cumplir un destino: que su hijo, Luke, lo mate.Crecí con E.T. y con La guerra de las galaxias, como Eliot. Tuve todos los muñecos, encargué naves a todas partes del mundo, le pedí mil espadas láser al niño Dios. Y cuando mis papás me llevaron a ver la segunda película de la primera trilogía, El imperio contraataca, en 1980, cuando yo tenía cinco años -y todavía me acuerdo de que la proyección no cabía en la pantalla y que caía mucha nieve y a Luke iba a matarlo un monstruo abominable de las nieves- casi no puedo recuperarme porque mi personaje favorito, Han Solo, había sido capturado por Jabba the Hut, y a Luke, el héroe, le había cortado una mano Darth Vader, el demonio de la galaxia, que decía ser su padre: "yo soy tu padre...". Pensé, durante tres años, que no podía ser. Luke no podía ser hijo del malo. Y cuando llegó El regreso del Jedi, y la vi con mi mamá y mis primos y todo el mundo, lo confirmé, pero supe, a los ocho años, que esa sería mi película favorita de todos los tiempos. El cine está hecho para la infancia. Y siempre que uno entra a un teatro de esos lo descubre.

13

The Beatles:

Oíamos un casete de las baladas de los Beatles siempre que montábamos en el carro. Era un casete de mi mamá sacado de un disco que no se consigue ya: The Beatles Ballads. Yo estaba entre Les Luthiers, que era el otro casete que llevábamos en el Renault 6, y Los Beatles, y ambas posibilidades me gustaban. Mucho más que la música de mi hermano, que iba desde Toto hasta Michael Jackson. Relaciono la música de los Beatles, inmediatamente, con soldaditos de plomo. Quizás porque en una tienda del centro de Bogotá vendían discos de acetato y soldados. Y en ese lugar, hacia 1982, quizás antes, comprábamos ambas cosas. Cuando pasó el tiempo, durante 1992, me dediqué a completar la colección del grupo, y, para 1993, era un fanático. Y lo tenía todo. El primer compact disc que oí fue Help! Y desde ahí sentí que la mejor canción del grupo era I've Just Seen A Face. Es un lugar común, pero esta música me ha hecho la vida más fácil.

12.4

Larry David:

¿Qué es “un momento Larry David”? Una situación incómoda que nos revela alguna terrible verdad. Por ejemplo, el señor David trata de enseñarle a su perro que no hay que ladrarles a los negros, pelea a muerte con un “inválido” porque ha entrado al baño de los “normales”, se le queja a su médico de siempre de que un vello púbico se le ha quedado atascado en la garganta: pura incorrección política. ¿Y quién es ese David? El más amargo humorista neoyorquino que ha pasado por el universo del stand up comedy. Uno de los dos creadores de la mejor comedia de situaciones que ha pasado por la televisión: Seinfeld. El payaso neurótico que desde 1999 escribe, se interpreta a sí mismo y produce la serie en la que todo el mundo cae tarde o temprano como a un destino: Curb Your Enthusiasm.

12

William Shakespeare:

Es el autor de mi papá. El único que de verdad lo conmueve. Siempre insistió en ver las obras de la BBC y en pedirme que lo leyera. Y lo he leído poco a poco, y siempre -luego de ponerme en la tarea de terminarlo con la orientación de Jorge Salazar, mi amigo, el ciclista- me sorprende su comprensión de las pequeñas relaciones humanas. Está de moda adaptar sus dramas al escenario de hoy porque es muy fácil: los problemas, los personajes, las situaciones, los diálogos que Shakespeare inventó ocurren todos los días en el mundo.

11.2

Alicia en el país de las maravillas / Alicia através del espejo:

Las dos novelas de Lewis Carroll, sátiras sobre su época, tratados científicos disfrazados, relatos para niños curiosos, siempre me han dado vueltas en la cabeza. Y me han ha servido de modelo desde hace mucho, mucho tiempo, para las cosas que escribo, en la misma medida en que me han servido los textos de Swift (que me sirvió tanto para En orden de estatura) o los de Kafka. Pero lo que me gusta, en realidad, es que finalmente parece una novela realista: todos esos locos, esos sombrereros y esos gatos sonrientes, están por ahí, yo los he visto: Jorge Salazar me hizo caer en cuenta de esto hace poquito.

11

La metamorfosis:

La pequeña novela, escrita por el checo Franz Kafka y publicada en 1915, tiene uno de los mejores comienzos que pueden encontrarse. Leí la historia de Gregorio Samsa, un hombre que amanece convertido en insecto, en junio de 1990. Sólo me tomó una mañana. Mi hermano me lo recomendó cuando le pregunté qué hacía ahora que me había terminado Sobre héroes y tumbas. Ángel Marcel siempre citaba su primer párrafo. Y yo, desde ese momento, desde que lo leí y oí a Marcel, quedé obsesionado con escribir historias en donde la gente amaneciera convertida en otra cosa: helechos, siete personas más, otra persona. Después, hace poco, entendí que así son todas las historias, que esa es la definición de drama, por ejemplo, y me sentí completamente a salvo.