80

Tracy Chapman:

Mi mamá no sabía qué regalarle a mi hermano en la Navidad de 1988, y juntos, en un local del centro comercial Paseo Real, que en esa época acababa de empezar, le compramos el disco Tracy Chapman. Sí, era de él, pero yo fui quien quedó enganchado. Y esperando cada disco nuevo de ella. No creo que haya una cantante tan seria, tan conmovedora, tan sencilla como ella. De vez en cuando, vuelvo a oír Crossroads -que es, además, una de mis canciones favoritas, y no debe confundirse con el blues que le encanta a Eric Clapton- y un par de canciones de New Beginning. Jamás me aburre. Me extraña que no haya más gente pendiente de su música.

79

El cuarto de baño de Jean-Phillippe Touissant:

Esta pequeña novela del autor belga Jean-Phillippe Touissant es la historia de un tipo joven, treintón si mal no recuerdo, que decide quedarse a vivir en su cuarto de baño. Compré el libro porque en la contraportada lo comparaban con Woody Allen: esa es la verdad. Después me leí sus otras novelas y me divirtieron. Y despuésvino Seinfeld y la idea de hablar sobre nada me pareció cada vez más interesante. El protagonista de la novela, inmóvil pero sin sentirse mejor o superior a nadie, no ve una razón de fondo para tener que moverse de su tina. Es un visionario.

78

Las cenizas de Ángela de Frank McCourt:

Las memorias del profesor de literatura Frank McCourt, que fueron adaptadas al cine por Alan Parker, cuentan el largo, accidentado, miserable camino de su juventud.Siescribir es escribir voces, contener voces, Frank McCourt ha logrado redactar una voz irónica y triste que hace reír aun cuando cuenta lo más triste, lo terrible. La verdad es que le huí por mucho tiempo, porque estaba en todas partes y abrumaba oír a tantos discutir sus escenas imborrables, pero finalmente cedí. Y quedé fascinado, encantado. Su continuación, Lo es, mantiene el ritmo y la emoción. Y la tercera parte, El profesor, lo deja a uno sin palabras. Así.

77

Traveling Wilburys:

Son Tom Petty, Bob Dylan, George Harrison, Roy Orbison y Jeff Lynne, pero con otros nombres. Es un grupo de mentiras, pero es una banda genial. El primer disco de los Wilburys fue grabado en nueve días. Antes de oírlo, unos cinco años después de publicado, los admiraba a cada uno por su lado, y me había puesto en la tarea -hoy cumplida a medias- de coleccionar sus trabajos. Handle With Care es una canción muy divertida, una especie de anti We Are The World que conmueve y hace reír cada vez que uno la oye. Consuela saber que estos cinco tipos, que escribieron canciones muy tristes -y sí, excelentes- fueran capaces de burlarse de sus propias personalidades. Son dos discos brillantes. No es fácil encontrar buenas canciones que hagan reir.

76

Sophie Calle:

Paul Auster le agradece, en su libro Leviatán, por haberle permitido mezclar la realidad con la ficción. La primera vez lo pasé por alto. Caí en cuenta de quién era ella, Sophie Calle, que pone en escena sus relatos, sus investigaciones dentro de la ficción, cuando escribía mi tesis, pero sólo hasta hace un par de años me dediqué a averiguar todo sobre ella: una artista que es en realidad una investigadora privada. El caso es que, cuando finalmente traté de reconstruir sus pasos, resultó que me sentía muy cercano a ella, a sus métodos, a sus ideas. Y escribí una especie de artículo que vive por ahí: http://www.revistaexclama.com/sophie-calle-existe1/.

75

Relatos de iniciación:

Uso de ejemplo Casi famosos, película autobiográfica de Cameron Crowe sobre un periodista de 16 años que escribe una crónica sobre la gira de Stillwater, un grupo ficticio, pero la verdad es que cualquier relato de este tipo, desde Las penas del joven Werther hasta Marcelino, pan y vino, desde La isla del tesoro hasta Huckleberry Finn, me tienen completamente de su lado. Casi famosos se consigue en tiendas de DVD, y en televisión de tanto en tanto, pero jamás la estrenaron en cine. Y, la verdad, es una de las mejores películas que me he visto en los últimos años. Y bueno: tiene una escena sobre Simon y Garfunkel, y eso, de inmediato, me convence de cualquier cosa.

74.1

E y The Eels:

Germán trabajaba en un almacén de objetos y de diseño, en Compás, que se anticipó a las modas de ahora y que quedaba en la 81 con 9. Y en realidad se la pasaba, mi amigo, oyendo los discos que vendían por ahí. Y oyó a E un día y de inmediato me dijo que me iba a encantar, y al principio me resistí -si conocieran a Germán, claro, me entenderían-, pero después cedí y siempre me sacó en cara que fue su descubrimiento. En cualquier caso, 3 Speed y Wooden Nickels, dos canciones suyas, tienen que estar entre mis favoritas. Hace reír y conmueve. Es el último de mis ídolos.

74

R. E. M.:

La verdad es que es uno de mis grupos favoritos, desde Man On the Moon hasta Leaving New York, que me angustia cada vez que la oigo. Qué triste que se haya acabado. Qué bueno haberlos visto acá, con Carlos Manuel y con Alejandro, en ese lugar tan extraño. Qué buen concierto fue ese. Supongo que algún día, cuando lo de esta época suene a viejo, cundo ni usted ni yo estemos a la mano para responder por lo que hicimos y todo lo de ahora parezca la historia, la gente se preguntará cómo hizo REM para ser siempre tan bueno, tan necesario.

73.6

Las horas:

Ya se sabe: es una novela del escritor norteamericano Michael Cunnigham en la que tres mujeres, de tres tiempos tiempos diferentes, unidas sin saberlo por un libro inolvidable, se enfrentan a días críticos de su libro.Como muchos, leí a Virginia Woolf gracias a este libro. Para una persona como yo, nacida en 1975, abrumada por el atari y el cine y la televisión, llegar a los clásicos es cuestión de tiempo. Tarde o temprano se llega a pesar de todo. El caso es que Las horas se convirtió en mi libro favorito de los últimos años apenas lo leí. Tanto, que me da miedo releerlo. ¿Qué es? Es un libro femenino -si es que algo como eso existe- escrito por un hombre. A veces creo que así son todos los grandes libros. Los que atrapan tienen, en el fondo, una voz femenina.

73

Cat Stevens:

En 1993 oía Wild World, Sad Lisa, Moonshadow...(y las demás: probablemente todas) en todas partes.Mi hermano tenía un álbum de éxitos en la biblioteca de la casa, y sonaba y sonaba allá en la sala. Ponían el disco de sus canciones más conocidas, a toda hora, en el Crepes de la 74 con 9. Y comenzaba a ser desesperante, claro, pero después, con el paso de los meses, comenzó a parecerme emocionante. Descubrí la que debe ser su mejor canción, The Wind, y quedé convencido de lo mucho que me importaba su música, de lo mucho que me importa.

72

René Magritte:

Pintó Clarividencia y Esto no es una pipa. No sé mucho más. Más cuadros, más títulos de cuadros. Un par de fotos. Un par de cosas que dijo. Tengo un libro, sí, que sigue su obra y su vida, y me encantan las pinturas, pero no podría decir nada más aparte de que me sospecho que el mundo es como el mundo que él pinta. Sus tipos de sombrero, que siempre se me aparecen cuando voy a escribir algo (por ejemplo, un cuento que se llama Plural), me hacen pensar en mi vocación a desaparecer. Hay una canción de Paul Simon que resume el asunto. De alguna manera, hay algo ligero y divertido en sus pinturas. Verlas es jugar un juego.

71

Eric Clapton:

Consiguió asimilar el blues. Ha pertenecido a algunas de las bandas de rock más interesantes de la historia. Hubo un tiempo en el que se llegó a pensar, en las calles de Londres, que él era Dios. Y el caso es quemi hermano programaba la alarma del radio, que teníamos sobre nuestra mesita de noche compartida, para que sonara, a todo volumen, a las 3 de la mañana: y esto es, quizás, lo único cierto de esta página de Internet. Y, siempre que sonaba, en 1991, yo sufría un pequeño preinfarto, y después descubría que estaba sonando Tears In Heaven. Siempre la misma canción: la misma Tears in heaven. No es mi canción favorita, ni nada, pero gracias a ella descubrí que todo, todo puede decirse, que se puede llorar en público si resulta útil para los demás. Pienso en varias canciones de Eric Clapton: Holy Mother, My Father's Eyes, Layla, y entiendo por qué lo admiro tanto.