50

Mary Poppins:

Musical producido por Walt Disney y estrenado en 1965. Cuenta la historia de una niñera que llega a una familia, la de los Banks, para resolver un problema de fondo: la distancia que el papá, George, ha creado entre todos. Esta es una de mis película favoritas. Me pasa lo mismo que con otro musical, Cantando bajo la lluvia: simplemente, me pone feliz. La escena sobre el dinero, la escena de las palomas, las caras de Bert, el ataque de risa insoportable: es bueno verla una vez por año. De verdad vale la pena. Bailes entre deshollinadores, coreografías diseñadas para pingüinos, una divertidísima marcha de feministas y, por supuesto, "supercalifragilísticoespialidozo", la palabra que puede sacarnos de todos los problemas.

49

Búsqueda frenética:

Roman Polanski cuenta, en esta película absurda, la historia de un médico que pierde a su esposa en París y, para encontrarla, entra en la ciudad que jamás ven los turistas. Sí, suena raro, pero es genial. Harrison Ford siempre es insuperable. Cuando la vi, en cine, hace casi 15 años, pensé que el mejor oficio del mundo tendría que ser el de hacer cine. Me la he visto, desde esa vez, una o dos veces por año. Unas veinte veces. Cuando daba clases la presenté y le aburrió a todos los alumnos, que tenían quince años, más de lo que yo tenía cuando la vi. No querían ver a Harrison Ford frágil. No porque los tiempos hubieran cambiado, no, sino porque las clases acaban con todo. Por eso no he vuelto a dictarlas.

48

The Truman Show:

Cuando vi esta película por primera vez, no lo podía creer. Tiene que ser la mejor de los últimos años. Está filmada con tanta sabiduría (por ese Peter Weir que siempre ha hecho películas tan buenas) y escrita con tanta intuición que devuelve la esperanza, afecta, divierte. Los nombres de todos y de todo, las interpretaciones que invita a hacer, la escena final, la música, el descubrimiento del horrible engaño. La llegada, en un barco que se llama Santa María, al continente de la realidad. Espero que se note qlo que me importa esta película.

47

Amadeus de Milos Forman:

Me gusta, de esta película, que la ficción interviene en el pasado y lo hace casi comprensible, verosímil, prójimo. Que es, si uno lo piensa con cuidado y ha leído un pequeño prólogo de Ortega y Gasset, una buena definición del oficio de la Historia. Mozart es, en la obra y la película de Milos Forman, como tuvo que ser en la vida real, una persona común y corriente, un tipo ordinario que, de vez en cuando, metido en el silencio, componía melodías extraordinarias. Una escena, en especial, se me aparece de repente: aunque sólo la ha oído una vez, Mozart interpreta una cancioncita de Salieri y, para mejorarla, para volverla suya, le hace ciertas variaciones. Dicho así no suena tan bien: habría que verla.

46

Cantando bajo la lluvia:

Dirigida por Stanley Donen y Gene Kelly en 1952, puede ser la mejor película musical que se ha hecho en la historia del cine.Puede que sí. Es, sobre todo, una película sobre el cine. Un musical sobre el paso del cine mudo al cine sonoro. Es, desde ahí, una idea genial. Es una lástima que le hayan gastado tanto tiempo al sueño del final. No era necesario. Porque, de resto, es un largometraje impecable: uno de los mejores personajes de Woody Allen, Clifford Stern, de Crímenes y delitos menores, solía verla todos los meses para no pegarse un tiro. Si uno la ve, entiende que tiene sentido. Cantando bajo la lluvia hace la vida más fácil. Y me recuerda a mi amigo Germán, que la disfrutaba como nadie.

45

Richard Ford:

Es increíble. La única manera de creerlo es leerlo. Sus reflexiones, sus giros, su personaje principal, el solitario Frank Bascombe. Día de independencia, El periodista deportivo y De mujeres con hombres son algunas de las mejores novelas que me he leído. Hay algo en esa prosa, que parece decir nada, que solamente describe y sigue a los personajes, que lo va llevando a uno de una orilla -la página 1- a la otra -la página 1200-. Algo sabe Ford, de estas cosas, que no saben los demás.

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Angel Marcel:

Supongo, después de leer y leer lo que he escrito, que tendría que ser el número uno, pero bueno: los 100, a la larga, son intercambiables, y este ranking es una broma. Marcel es un poeta, profesor y ensayista colombiano que ha publicado tres libros de poemas y ha ganado dos premios nacionales.Y me cree aunque yo no. Eso es lo que me ha dado la vida literaria. En Walkman es uno de los personajes principales, porque, básicamente, cuando me siento escribir, comienzo a oír sus consejos de siempre. Es mi maestro. Y repito: debería estar mucho más arriba en esta lista, pero bueno: no importa. Sus sonetos, que son excelentes y llenos de ironía, siempre me han encantado. "Refiere una leyenda que la luna / se fugó con los astros a una fiesta / y que la noche, airada y descompuesta, / no los pudo encontrar por parte alguna". Me lo sé completo, pero para eso está su Obra poética.

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Pato Donald y Tío Rico:

Cómo no: son los dos personajes, sobrino y tío histéricos, injustos e inmaduros, creados por la Walt Disney, hace ya casi setenta años, para equilibrar la bondad infinita de Mickey Mouse. Elpato Donald siempre ha sido mi personaje favorito de Disney porque todo le sale mal, porque siempre cae en los mismos errores y siempre trata de echarle la culpa a los demás: la voz, peor que la de Bob Dylan, y el orgullo y la torpeza general, lo hacen más humano que pato. Tío Rico, por su parte, se baña en una piscina llena de monedas de oro: ¿no es un personaje perfecto? Es tacaño, furioso y mal amigo. ¿Se puede pedir algo más de un personaje? Bueno, sí, tiene el mismo lado humano que Donald: Hugo, Paco y Luis, los tres sobrinitos.

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David Lynch:

Dirigió Terciopelo azul, El hombre elefante y La historia sencilla. Ha logrado montar un mundo personal, de pesadilla, en medio del cine comercial. Ha sido, desde hace años ya, uno de mis héroes. Lo único extraño, extraño en verdad, es su pelo: pareciera que le dedicara un tiempo a ponerlo así, como el de Don King. Ahora: lo mío en cuanto a pelo, en todo caso, es envidia. Lo importante es que desde que daban Terciopelo azul, en junio de 1987, en el Cinemax que recibíamos por antena parabólica, me sentía fascinado por los títulos sobre esa cortina pesada y por la actuación de Dennis Hopper. Muchos años después, Twin Peaks, la serie que Lynch escribió, me fascinó. Y me volví su seguidor. Mi papá me acompañaba a verla, como siempre.

41

Astérix y Obélix:

Son de René Gosciny y Albert Uderzo: dos galos que viven en una pequeña aldea que se resiste al imperio romano gracias a los efectos de una poción inventada por Panorámix, el druida. Casi no logro pasar a los libros por culpa de estos cómics. Mi nivel de cultura se redujo a esta historia -y a la de Olafo, Lucky Luke, Tío Rico, Mafalda, Lorenzo y Pepita, Snoopy y Carlitos- durante mucho tiempo. Se redujo a las tiras cómicas y al cine: el cine por poco me impide leer. Si no hubiera necesitado silencio, nunca habría llegado a los libros. Astérix y Obélix son, como se sabe, dos personajes inmejorables: el galo astuto y el gigante amable. El humor de la serie aún me sorprende. Sólo me gustan las historias con chistes. La seriedad me preocupa. Me incomoda.