10

Emily Dickinson:

Escribió unos 1700 poemas en su vida. Sólo hasta su muerte se supo leerla. Una canción de Paul Simon y un cuento de Woody Allen me llevaron a comprar, en 1993, mi primer libro con poemas de Emily Dickinson. Era un Cara y Cruz de Norma. Venían, en él, poemas de Whitman y de William Carlos Williams, que me emocionaron por su sencillez, pero nada, nada parecido, a los versos de Dickinson que, hasta hoy, con César Vallejo, sigue siendo mi autora, mi autor favorito. Esas pequeñas canciones, que parecen sin terminar, que llegan al blanco y a lo blanco como si se tratara de budismo zen, son mi modelo. Por supuesto: jamás llegará nadie más a eso, pero lo que más me interesa de ella es su espíritu, su actitud poética, su seguridad en que, a la hora de los versos, pensar en la publicación es deprimente. Ahora, años después, leerla me ha vuelto a emocionar.

9

Fedor Dostoievski:

Leí Crimen y castigo hace mucho, hace unos quince años, pero desde el comienzo me quedé en sus personajes. Me gané la novela, el libro físico, en un concurso de cuento de 1989. Pero sólo me la leí un par de años después. Creo que ese libro me bastaría si tuviera que leer uno solo para siempre. Podría decir lo mismo de El jugador, y de Los hermanos Karamazov, que leí hace ya dos años y convierten a Dostoievski en mi novelista favorito en estos tiempos. Como Scorsese, que es el siguiente en esta lista, me siento muy cercano a sus dudas religiosas y a sus preguntas públicas sobre Dios y a su angustiosa fe privada. Seguí poco a poco mi lectura de su libros: me encantaron El eterno marido, Memorias del subsuelo y El cocodrilo. Reportaré más adelante.

8

Martin Scorsese:

Creo que tendría que estar más arriba en esta lista, pero ya qué. Buenos muchachos, Toro salvaje y Taxi Driver, entre otros clásicos del cine, son cosas que me han pasado a mi en la vida. Yo no podía creer que un director fuera tan inteligente la primera vez que vi Taxi Driver. Averigüé todo sobre él, vi todas sus películas, escribí un cuento un poco absurdo sobre su vida (¿valdrá la pena publicarlo en este lugar?: en 1991, cuando lo escribí, no podía creer que hubiera un católico tan útil) y encontré su obra coherente en medio de un mundo tan comercial como el del cine. La baja estatura me convenció aún más. Y las dudas religiosas. Y la controversia. Me gustan los autores que, sin proponérselo, resultan controversiales. Después de las horas, una de las mejores películas de Scorsese, que más bien pocos conocen, es uno de los mejores cuentos que me he leído en la vida. Soy ciego con todo lo que hace: todo lo que ha hecho, todo lo que hará me parece una genialidad.

7.5

César Vallejo:

Murió de hambre, odió a Dios como estrategia literaria y vivió la vida en el borde, nació el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco y murió en París, con aguacero, en 1938.Las primeras noticias de Vallejo las tuve en el taller de Ángel Marcel. Marcel se sabía Los dados eternos de memoria y hablaba de morir en París con aguacero. En la universidad, gracias a Daniel, me puse a leerlo con calma. Mi papá solía citar Un hombre pasa con un pan al hombro en sus conferencias y yo, cuando entré a dar clases, metí todo un capítulo sobre su obra en mi curso. Ese día, el día en que comenzaba esa parte de la clase, invité a Daniel a hablar porque me sentí usurpando su lugar. En cualquier caso, sé qué tipo de odio siente Vallejo. Bueno, cualquiera que lo lea lo sabe. Es un odio útil.

7

Alfred Hitchcock:

Suyas son algunas de las mejores películas de la historia: Psicosis, Los pájaros, Ventana indiscreta, Vértigo. Me temo que es el mejor director de cine que he visto en mi vida. Me lo temo. La entrevista que le hizo Truffaut, y que leí por primera vez en San Andrés, en diciembre de 1991, sería uno de mis libros favoritos si alguien me lo preguntara, si alguien quisiera saber (escribo esto, por ejemplo, sin saber si alguien lo lee, como un diario mío). Y Ventana indiscreta es la mejor de todas las películas que he tenido frente a mí. Su humor negro, las mujeres que prefería con aquella incorrección política, los actores que siempre lo acompañaban, y el descubrimiento de que el centro del cine es el suspenso, y que su lenguaje se encuentra orientado a todos los sentidos, y no, nunca, a la imaginación, lo convierten, para mí, en un genio. Nació un día antes que yo y eso, en mi cabeza, es una especie de milagro.

6

El Quijote:

La primera parte de la novela del español Miguel de Cervantes Saavedra fue publicada en 1605. La segunda apareció en 1615. El libro completo es inagotable, como ninguno, como todos los que le caen a uno por suerte en el camino, y los dos personajes principales, amigos de verdad, caras de la moneda, son los seres humanos más humanos que han existido. Cervantes nació el 29 de septiembre, como mi mamá, y murió el día del cumpleaños de mi papá -el mismo día en que nació Shakespeare: el 23 de abril- y siempre, desde que tengo memoria, fue el autor del mejor libro del mundo. Que sí, lo es. Quisiera ser original y controvertirlo, pero lo es. Mi mamá me lo ha heredado y me ha regalado una edición muy linda que me recuerda, todos los días, que la vida se puede vivir. Aunque suene extraño, es algo que no es fácil de recordar.

5

Peter Gabriel / Come Talk To Me:

Admiro especialmente esa canción, de Us, el penúltimo disco de Gabriel, pero la verdad es que pienso "este tipo es un genio" siempre que oigo cualquier cosa inventada por el antiguo compositor y cantante de los discos de Genesis, el autor de Peter Gabriel y So, y de la banda sonora de La última tentación de Cristo. No era fanático de Peter Gabriel en 2002, cuando escribí estos fanstasmas, pero hoy no puedo creer que haya un tipo tan brillante en el mundo. Come talk to me tiene tanta angustia, tanta rabia, tanta confusión, que me queda imposible pensarla de vez en cuando. Comparables son, en su último disco, Up, The Barry Williams Show y I Grieve. Quizás esta última sea mi favorita.

4.5

Charles Dickens:

Según los diccionarios que sabemos, el novelista nacido en Landport, Inglaterra, el 7 de febrero de 1812. Que se interesó, por supuesto, en los temas sociales de su época (que, quién lo creyera, son los mismos de estas: la esclavitud, la decadencia de la aristocracia, la pobreza, la avaricia, en fin), y en el camino dejó novelas más o menos realistas tan brillantes como Los papeles de Pickwick, Oliver Twist, Una canción de Navidad, Grandes esperanzas.Advierto, de una vez, que lo que sigue no tiene sentido, pero es verdad que dos videntes diferentes, que jamás se han visto en la vida, me han dicho que fui Dickens en una de mis tantas vidas pasadas (¿qué puedo hacer?: eso me dijeron dos locos diferentes), y también lo es que David Roa, librero de Biblos y creador, hoy, de La mdriguera del conejo, me dijo que pensaba en Dickens cuando leía las cosas que he hecho (¿qué puedo decir?: eso me dijo), pero lo he incluido aquí, usando el sistema que Alejandro Martín me enseñó, porque no es justo que sea un gran olvido: mi esperanza siempre ha sido que no se note que me he robado tanto de sus libros.

4

El conde de Montecristo:

Es la novela de Alejandro Dumas, el padre. Que fue publicada en 1845 cuando el escritor, conocido por Los tres mosqueteros, cumplía 43 años. Y es la historia de la venganza de Edmundo Dantés, un hombre que lo pierde todo de la noche a la mañana y se vuelve muchos par recobrarlo. El caso es que es, hoy en día, y "hoy en día" cumple unos doce años ya, mi novela favorita. Pienso en ella como mi modelo para escribir. Quisiera que mis historias captaran a las personas como ésta las capta, que divirtieran, afectaran, iluminaran tanto como estas, pero no es, por supuesto, mi gran objetivo: porque yo, con contar las historias que llevo en la cabeza, con llegar hasta el final, quedo más que satisfecho. Llegué a este libro porque siempre quise leerlo. Y ya. Mi hermano lo leyó al tiempo conmigo. Él estaba en París y eso le daba mucha más autoridad. La venganza de Edmundo Dantés, merecida sin duda, es una historia que se volverá a contar durante siglos.

3

Vincent Van Gogh:

El pintor de los autorretratos nació en Zundert, Holanda, el 30 de marzo de 1853, y pasó la vida en el encierro, entre las cartas a su hermano, su vocación religiosa, su búsqueda artística y su angustia. El pintor de sí mismo, el hombre que no tuvo que salir de su habitación para encontrar el mundo, ha sido, desde que tengo memoria, mi pintor favorito. Mi hermano me regaló sus cartas, mis papás me regalaron los libros sobre sus pinturas, cada vez que he podido escribí sobre él. La portada de Sobre la tela de una araña, el libro de cuentos que publiqué con Arango Editores en 1999, es su habitación. Porque hay algo en su obra que me ha parecido, siempre que me quedo mirándola, muy familiar. Muy cercana. Muy poderosa.

2

Woody Allen:

En mayo de 1987, cuando vi Annie Hall por primera vez, quedé convencido de que jamás en la vida había visto una película tan inteligente. Ni a un tipo que fuera capaz de escribir, dirigir y actuar con tanta precisión. Los cuentos de Woody Allen, que leí todos en 1991, me convencieron de su genio y me confirmaron que lo más importante, ahora que todo el horror ha quedado comprobado, es no tomarse tan en serio. Allen está a veces en el primer lugar de mis afectos. Sus películas, que he visto una por una unas diez veces, me consuelan, me despiertan. Zelig, La rosa púrpura del Cairo, Manhattan, Poderosa Afrodita, Crímenes y pecados, Maridos y mujeres, Otra mujer, Balas sobre Broadway, Hanna y sus hermanas y así, al infinito, son la obra de un genio.

1

Paul Simon:

Comencemos como en Wikipedia: compositor, escritor, actor, músico, cantante neoyorquino nacido el 13 de octubre de 1941. Mejor sería decir: escritor de canciones. Comenzó su carrera a los 15 años en el grupo juvenil Tom & Jerry que, con el paso de la universidad, las revoluciones y las lecturas, se convertiría en el fundamental Simon & Garfunkel. Desde los años setenta hasta hoy, escribió 11 discos de canciones que no se parecen nada los unos a los otros, una película, un musical y varios ensayos. Siempre ha sido mi artista favorito. En agosto de 1991, cuando todavía teníamos la antena parabólica, HBO anunció la transmisión en directo del concierto en el Central Park de Paul Simon. Yo ya había oído sus canciones en El graduado, en una serie de televisión colombiana en la que Víctor Hugo Morant se enamoraba de una niña joven (probablemente July Pedraza, si así se escribe), y en un disco de grandes éxitos que mi hermano había comprado hacía un par de años, el famoso disco de grandes éxitos, pero cuando oí los tambores del comercial que anunciaba el concierto del 91 no pude creer lo que estaba oyendo. Fue la misma sensación de cuando vi Annie Hall. Y estaba en el mismo lugar, en el cuarto de mis papás. Desde ese día, fui consiguiendo todos sus discos, sus biografías, su película, y cada vez me fue quedando más claro que quería tener el mismo oficio de él, pero distinto, pero en la medida de mi talento y mis posibilidades. Es decir, que de libro en libro, de cuento en cuento, tenía que convertirme en otro sin dejar de ser quien soy. Que escribir es lo mismo que actuar, y cantar, pero sin tener que pasar la vergüenza.