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Casa tomada:

Cuento de Bestiario, la compilación que el argentino Julio Cortázar publicó en 1951, que ha merecido miles de análisis, y era uno de los relatos favoritos de Jorge Luis Borges. Piensa uno, cuando lee a los autores del boom, que hay que jugársela toda, arriesgarlo todo, ser completamente libre. Escribir lo que sea, pero sin pesos en la espalda: sólo la experiencia en el mundo. Nada más. Cortázar lo sabía. Y Casa tomada es uno de sus mejores cuentos. En él hay tanto espacio y cuando termina quedan tantas preguntas que es imposible dejar de imitarlo

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El corazón delator:

Es un cuento de Edgar Allan Poe sobre un misterioso aprendiz que, obsesionado con el ojo de su maestro, toma la decisión de asesinarlo. Supongo que todo el mundo lo conoce. El primer mes del taller de letras de Ángel Marcel lo leímos. Hasta hoy me acuerdo de todas las sesiones del taller y me descubro entendiendo cosas que en ese momento, enero de 1990, no habría podido entender. El cuento es inolvidable. Todos los cuentos de Poe lo son. La locura, las voces de los personajes, las atmósferas son insuperables.

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El aleph:

Borges descubre el punto en donde se pueden ver todos los puntos del mundo. Leí el cuento varias veces porque resolvía el tema del infierno, que a mí, quién sabe por qué, me interesaba tanto, y hasta clases daba de eso. Quizás porque es un pretexto, una forma de deshacerse de uno mismo, del ego. Desde que leí por primera vez el cuento de Borges, en agosto de 1991, en voz alta con mi hermano, que estaba en la Universidad y no lo había leído, quedé fascinado. Quedamos fascinados.

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Viaje a la semilla:

Leímos el cuento de Carpentier en el taller de Ángel Marcel. En 1993. Él tiene la culpa de todo porque lo explicó tan bien, con tanta precisión, que decidí leerlo varias veces, estudiarlo y presentar mi interpretación en la carrera de literatura. Es, definitivamente, un gran cuento. Luego lo he leído más y más. Y yo siento que así, como el personaje de la historia, vivo yo, y que siempre estoy tratando de reescribir ese regreso a uno mismo.

26.6

El jardín de las delicias:

El tríptico de El Bosco nos lleva desde el paraíso hasta el infierno como sólo han podido hacerlo Divina comedia y El paraíso perdido. Siento repetirme (yo soy el primero que tiene que vivir con las mismas historias todos los días de mi vida) pero vi este cuadro con Germán en julio de 1997, y me quedé callado un buen rato (es raro: en los museos divago, no logro concentrarme, me aburro, entiendo por qué lo más divertido es espiar a las demás personas que están en el museo, como en Vestida para matar), porque habíamos visto ese cuadro mil veces explicado por Ángel Marcel, y me daba cuenta que, una vez más, él tenía toda la razón.

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Freaks / La parada de los monstruos:

Película de horror dirigida por Tod Browning en 1932. Los protagonistas eran, en su gran mayoría, monstruos reales, hombres y mujeres mutilados o deformes. Y salía en todos mis libros de cine. Y yo me moría por verla. Y alguna vez la vi, pero después se me convirtió en una obsesión. Y la vi, y la volví a ver. Y escribí un artículo, el primero, para Gatopardo. Así me deshice de ese fantasma. Al menos por un tiempo. Pero es que, ¿quién puede quedarse así, como si nada, cuando el pobre enano Hans es rechazado por la equilibrista? O ¿cómo quedarse tranquilo ante esa pesadilla que es la fiesta de matrimonio? Es una gran película. Es todo lo que quiero decir.

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El graduado:

La segunda película de Mike Nichols, basada en una novela de Charles Webb, fue un escándalo en su momento pero es sólo la historia de Benjamin Braddock un graduado que enfrenta la peor de las crisis de su vida y el romance con una mujer, Mrs. Robinson, que podría ser su mamá. La vi por televisión la primera vez, en 1988, supongo que porque me interesaba la música de Paul Simon. Y porque me habían hablado mucho de ella. Después conseguí una copia en video. Pronto, porque me encantó, la pedí en Tango Discos y la pude ver en una edición especial y descubrí todo lo que no había sido capaz de ver en otras ocasiones: que era inteligente, divertida y parecida a nuestra vida. Que la crisis de ese graduado le ocurre a todo el mundo. Ahora la veo cada tanto.

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J. D. Salinger:

Salinger es un modelo aunque haya muerto: un hombre que escribe y ya. Que se aleja del mundo para poder estar en él. Las historias de Holden Caufield y Seymour Glass, vidas paralelas, tienen algo de fondo, una experiencia original, una revelación. Daniel lo leyó en Boston en 1994 y me trajo el libro ese mismo año. Fernando Gómez, más o menos en 2000, me aconsejó leer Levantad carpinteros la vida del tejado y tenía toda la razón: es un libro inolvidable.

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Retrato del artista adolescente:

Cuenta el viaje de su personaje central, Stephen Dédalus, desde la infancia hasta la madurez. Mi hermano me puso a leer este libro en las vacaciones de final de año de 1992. Tenía 17 y era perfecto para ese momento. Desde entonces he tratado de leer y escribir libros que hubiera querido leer a esa edad. Espero lograr unos cuantos. No serán como esta obra maestra, claro, porque Joyce se le pega a Dédalus como una cámara a su altura, pero serán, sin duda, historias honestas. Para terminar: las páginas sobre el Infierno son memorables.

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Las meninas:

Estuve cara a cara con este cuadro en julio de 1997, pero antes, desde que nací, Velásquez, su autor, ha sido el pintor que une a mis papás. En un libro sobre su obra estaba la única dedicatoria que he visto de mi papá para mi mamá. Y era realmente conmovedora. Después, en 1988, Ángel Marcel fue a mi curso, cuando aún no era mi profesor, y nos explicó la composición y las ironías de la pintura. Es el Quijote de la pintura. Eso es todo. Y, como a veces quisiera ser pintor, resulta una de las obras que admiro.