ÉRASE UNA VEZ POR JUAN DIEGO PEREZ

En el día de navidad del 2010, una mujer y un hombre jóvenes hablan en un carro estacionado frente a un pequeño hotel en La Candelaria mientras esperan a que un aguacero termine. Su conversación, que se inicia como un recuento del momento de su encuentro en las escaleras de la universidad en el que fue claro para ambos que habrían de envejecer juntos, se prolonga en sus palabras hasta la noche futura de la primera navidad que pasarán sin la compañía de sus hijos y de su nieta. Lejos de esa ciudad, en la vereda ficticia de Montenegro, una mujer sale de la iglesia con un niño de meses en sus brazos bajo la mirada férrea del comandante que ha encerrado a los viejos del pueblo con una lista en su mano. Afuera, en medio de las casas ardientes, la ceniza y la turbia polvareda, un cerdo salvaje la enfrenta con lo que queda de la carne de un brazo en sus fauces, y el cielo oscuro que los cubre a ambos anuncia la llegada inminente de la lluvia que habrá de borrar la sangre que desde hace unas horas corre por las calles.

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