Autogol: tercera portada

 

Este fue el primer borrador que intenté con los conocimientos de Photoshop (que a Ana le suenan más a Power Point) que me quedaron del trabajo en El hombre de los mil nombres. Yo quería que la portada fuera sólo pasto, como para que uno se imaginara la primera escena de Terciopelo azul (para que uno tuviera la tentación de ser esa cámara que se mete dentro del pasto para descubrir un nido de insectos), y eso les dije a todos el primer día que me preguntaron qué me imaginaba de carátula. Como tenía claro que los que sabían del asunto eran Ana María y Santiago, y vi, desde el principio, que a nadie le sonaba la versión "solo pasto", que no había logrado explicarme del todo, me atreví a mandar este boceto como quien ha cometido un error y ha mandado una versión sin terminar. Dijeron todos lo mismo con toda la razón: puede quedar bien si lo hace alguien que sepa.


Sí, les pareció bonito: una idea que, pensándola bien, haciéndola bien, podía quedar bien. Con todo el tacto, con todo el cariño, y con toda la razón, me dijeron que el problema no era que estuviera muy mal hecho, sino que "sólo pasto" era muy poco diciente y muy ambigüo. Propuse, entonces, algo que había querido hacer en El hombre de los mil nombres, pero que habría sido impensable para los editores de Planeta de ese entonces: una versión parecida al afiche de Anatomía de un asesinato. Esas cosas de Saul Bass me parecen geniales:



Y aquí, en este punto, quedó en evidencia mi falta de talento para el asunto. Habla muy bien de Ana y de Santiago que no se hayan desanimado con estos bocetos. Santiago le dio la vuelta al asunto, le dio luces y sombras, y convirtió el trabajo de un aficionado al Power Point en una obra de arte. De verdad que no sé cómo agradecerles a los dos, a él y a Ana, semejantes talentos:

La carátula es, como puede verse, un hallazgo: podríamos vender el libro sin nada adentro.